Discordias

Publicado: 8 noviembre 2009 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Este día, les presento el siguiente artículo, de un licenciado egresado de la Libre, que despues de checar esta página, se puso en contacto conmigo, y me pidio hiciera público sus escritos. De esta manera LibrePensador, hoy adquiere un sentido jurídico que espero sea de gran útilidad.

Amado Sosa

La semana pasada se dio disputa pública entre dos de los poderes reales que existen en un estado: el legal y la riqueza. Nos enteramos de declaraciones encontradas del Ejecutivo Federal, por una parte, y de los grandes empresarios y sus agrupaciones, por la otra, sobre la problemática social y financiera de las contribuciones necesarias para el satisfacer el presupuesto federal para el 2010. El de la supervivencia.

El Presidente se fundó en la justicia y reprochó la mezquindad de los grandes corporativos que sólo pagan el 1.7% de impuestos cuando les debiera corresponder pagarlos como cualquier profesionista o empleado, 28% para el presente año. Indicó también que los empresarios logran sus pretensiones: piden se recorte el gasto del gobierno y se recorta. Y concluyó señalando la insuficiencia de la filantropía social empresarial y la necesidad de que los corporativos paguen sus impuestos, pidiéndoles responsabilidad y comprensión ante la situación por la que atravesamos.

Recibió respuesta tanto de agrupaciones como de individuos. El tenor fue como sigue: las grandes empresas pagan los impuestos que la ley les fija, si el porcentaje parece pequeño es porque reinvierten las ganancias y por ello están exentas. Aparte las empresas enfrentan incertidumbre impositiva ante las misceláneas cambiantes aprobadas anualmente por el Congreso. Luego el argumento se amplió. El Gobierno gasta mucho y mal, pretende imponer impuestos retrógrados que dificultan el acceso a la nueva tecnología (internet), no amplia la base impositiva y seguimos pagando siempre los mismos. Por fin acabaron en la cantaleta de las coyunturas: no es el momento de las discordias sino el de los acuerdos, el de los arreglos, el de la unidad frente a la crisis.

En resumen en tanto el presidente se afincó en la justicia y en la buena voluntad de los empresarios, éstos lo hicieron en la ley, en la ineficiencia del aparato gubernamental y marginalmente en la justicia.

Conforme transcurrieron los días vinieron aclaraciones, explicaciones, disminuciones de tono, en fin la concordia solicitada. Sin embargo, no es tiempo todavía de asegurar el curso de las motivaciones que dieron lugar a las razones enfrentadas. No sabemos si fueron un simple desahogo de quien se siente atrapado o si volverán a salir públicamente en palabra u obras. Habrá que esperar.

A nosotros nos tocó ejercer de espectadores y soñadores. En el primer caso entretenidos, maledicentes y frustrados, como si se tratar de un asunto de familia ajena. En el segundo anhelando que el precio del petróleo sea, a fin de cuentas,  superior al previsto en el presupuesto. De ser así saldremos adelante y quizá hasta ahorremos para el 2011.

Como fruto de la reflexión sobre la trifulca llegamos a certezas hirientes: la ley fiscal para el 2010 será injusta con la sociedad en general e ineficaz frente a los grandes corporativos empresariales, que no pagarán el impuesto que se prevé para ellos en la miscelánea porque concurrirán a la ley, al amparo que seguramente será concedido. Los empresarios no cargarán el peso de la crisis, nos toca a nosotros.

Las noticias no son nuevas ni exclusivas del sistema político económico mexicano. Sí lo es la crudeza y virulencia del ataque actual contra los intereses y necesidades de la sociedad civil, para llamar de algún modo a los que carecemos de poder.

Se imponen también dos preguntas que tienen la misma naturaleza de las certezas: ni son nuevas ni exclusivas, ¿cuándo será el tiempo de imponer leyes que impartan justicia y sean eficaces? ¿Por qué los poderes reales actúan sólo en su beneficio?

Sea lo que fuere la sociedad civil se queda con la evidencia aplastante: Gobierno y empresarios discuten y pelean por dinero. Sólo por dinero. El nuestro. Ahí está la llave que nos permitirá determinar la dirección de la marcha de los asuntos públicos presentes y por venir. La sociedad civil ha de enfocar su atención en el cuidado de sus pesos para señalar su propio destino.

El tema apenas comienza.

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