El presupuesto 2010

Publicado: 25 noviembre 2009 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Aquí les dejo, el artículo del Lic. Ubaldo Orozco Perez, de la presente semana. Que gusto que el blog, cuente con sus constantes aportaciones.

Amado Sosa

Ya tenemos presupuesto federal para el 2010. La Cámara de Diputados lo aprobó estirando el plazo fijado por la ley; prologando negociaciones que repiten las de años anteriores; y acordando finalmente  dejar en sus mismos términos el estado político-financiero de la nación. Nuestro dinero ha sido distribuido, con un mínimo de sacrificio propio de la Cámara, para garantizar la subsistencia del aparato administrativo del Estado y para que los partidos y sus líderes, grandes y pequeños, continúen su lucha por el poder para el 2012.

Para lograr la casi unanimidad con que se aprobó el Presupuesto tanto el PAN como el PRD cedieron en sus intereses frente al PRI, que obtuvo más dinero y mayores facilidades en su ejercicio habida cuenta de su capacidad para sacarlo adelante por sí mismo, junto con su apéndice verde.

Algunos políticos, diputados o no, desde el proceso previo a la aprobación, avizorando la molestia social a generarse por el reparto de los dineros, soltaron acusaciones de culpabilidad irresponsable de quienes lo sancionaron junto con declaraciones de inocencia propia.

Lamentaron la autorización de despilfarro discrecional que se otorga a los ejecutivos estatales, priistas mayoritariamente,  injustificable desde cualquier punto de vista en esta época de crisis, tampoco dejaron pasar la oportunidad de sentirse víctimas de un sistema político que ya no avalan y no les permite hacer justicia. También trataron de ganar, desde ahora, la oportunidad de criticar y, después, de señalar con índice acusador de las desgracias del país a quienes dieron el sí al presupuesto negociado: una aplastante mayoría de diputados, tricolores, azules y amarillos.  Juzgaron que al acusar quedan limpios de su pasado. Como si señalar culpables nos convirtiera en inocentes. Como si las palabras de hoy borraran los hechos de ayer y nos pusieran al frente del descontento y la desilusión que corren por la sociedad civil. Quisieron apropiarse de las banderas de los reclamos sociales.

En un resumen breve: partidos y políticos nos ganaron otra partida.

Se rescatan dos puntos para reflexión: la irresponsabilidad social de los poderosos y el retroceso socio-político-financiero del país. Del primero algo diremos en este escrito, del segundo hablaremos en uno próximo.

La Cámara de Diputados después de decidir, con mando suficiente para obligarnos, el destino de nuestros dineros sólo nos dejó desear que la distribución monetaria acordada permita al país llegar en paz y a salvo al 2011. Igualmente dilapidó sumas que debieran tener destino mejor que ganar votos y enriquecer bolsillos con criterios políticos y no económicos o de justicia social. También nos entretuvo representándonos escenas teatrales que vigilábamos en cualquier medio y propagábamos en nuestras charlas de preocupación.  En nuestro descargo se señala que la asistencia a la función no es de carácter voluntario sino forzado. Los actores o sea los diputados para su disfrute requieren de nuestra atención.

Pero se trata de actores que no reciben ningún reproche social. Sólo maledicencias sin destinatario concreto. Son los diputados, decimos. Podemos abuchear al presidente porque tiene nombre y rostro, pero a los diputados no, son muchos y desconocidos. Pueden estar sentados junto a nosotros y seguiremos sin conocerlos si no dan muestra de su poder.

Tuvimos, pues, ante nuestros ojos  las tres caras del poder: la dominación, la avaricia y el teatro. A veces la primera se confunde por su violencia con la esencia total del poder: mandar y ser obedecido; sustraerse a la leyes ordinarias; usar ilegalmente la ley contra el enemigo real o imaginario; asustar a los gobernados; identificar los intereses del estado con los suyos propios; castigar al subordinado y al enemigo; etc. La avaricia comprende dos vicios aparentemente opuestos, atesorar y despilfarrar. Y el entretenimiento que nos acompaña en las preocupaciones.

Sin embargo si dejamos el papel de espectadores y  pasamos al de  curiosos compañeros de viaje observamos entre el público asistente una actitud social  que se corresponde, pero en carácter de víctima, con la prepotente de los actores: amargura, subyugación al sometimiento, fatalismo, lealtad partidaria incondicional, admiración ciega a un líder, rencor hecho palabra, autojustificación, escondite del anonimato, fascinación por  pertenencia a una multitud. En suma irresponsabilidad social en un país que ha perdido el rumbo.

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