Penalización del aborto

Publicado: 30 noviembre 2009 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

A continuación el artículo semanal del Lic. Ubaldo Orozco Perez. Disfrutenlo.

Amado Sosa

El Congreso veracruzano se vio en la urgencia ajena de legislar en materia de aborto y se avocó a hacerlo más con la intención de salir sin daño político de la coyuntura que dispuesto a tomar partido por cualquiera de la dos posturas en que se ha dividido la opinión pública y la calle: abortista o antiabortista, ni a tratar o poner remedio a la situación que genera los embarazos que terminan en situación de hacer deseable o necesaria la muerte del producto de la concepción.

El Congreso, pues, modificó las penas para las mujeres que abortan, reduciéndolas del máximo de cuatro años de prisión a tratamiento, médico y sicológico, a tomarse en libertad. En seguida aprobó modificación al 4º constitucional para convertirse en el estado 17 de la Federación que protege la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural del sujeto y las mujeres. Tuvo además la providencia de argumentar ante la opinión pública las razones que lo llevaron a las reformas.

Fueron 6 las expuestas mismas que pueden agruparse en dos. La apasionada defensa de la vida del feto humano: el aborto es, ha sido y será un delito; la mujer no tiene derecho de abortar sino de que “no se le castigue penalmente” Y la existencia de facultad legal para legislar en la materia por lo que no puede recriminársele a una entidad federativa que lo haga.

Luego el legislador local procedió a remitir al gobernador las reformas para continuar con el trámite legal. Y se desató la discusión, con muchos reproches, en toda la Federación a pesar de la petición del Congreso de que no se le recriminara. Y es que éste no se dio cuenta de las características de la nueva pena y de que la farsa de discusión no recaería sobre el fondo de la reforma sino sobre la persona del gobernador por tomar partido por uno de los bandos y su supuesto carácter de precandidato presidencial para el 2012.

El sainete acabó con el ejecutivo local devolviendo la reforma al Congreso, para sanción legal, con las penas más suavizadas todavía. Sin tener en cuenta los textos finales de las reformas porque no parece vayan a modificar el número de abortos en el estado ni la oportunidad política de la medida se hacen en este momento sólo algunos comentarios inevitables en relación al comportamiento del legislativo.

El público asistente a la función se dio cuenta desde la primera lectura del engaño pretendido por el Congreso local: dejar contentos simultáneamente a los dos bandos enfrentados. Así por un lado afirma la defensa de la vida humana y por el otro no castiga penalmente a la mujer que aborta bajo ciertas circunstancias. Y también de las contradicciones de las reformas, pues por un lado desaparece la prisión y a cambio se le receta tratamiento médico y sicológico, inútiles desde cualquier punto de vista porque han de aplicarse al término del juicio y sus instancias. Así que la mujer condenada acabará después de varios años de juicio no sólo como delincuente sino también enferma de cuerpo y alma por mandamiento de ley.

Los argumentos son omisos en cuanto al fondo del tema. No mencionan datos de ningún tipo que avalen la necesidad de la reforma. Ni consideraciones sobre la concepción y la vida humana. Ni de la libertad. Ni de moral social. Ni de filosofía. Ni de higiene. Ni de conciencia de comisión delictiva. Ni de derechos compartidos. Ni de religión. Ni de los aspectos más humanos en que se da un aborto: pobreza, descuido, imprevisión, abandono, trampa, reyerta. Sólo la pretensión de quedar bien con unos y otros y de la justificación inatacable que los asiste.

Es de felicitase al Congreso veracruzano por salir al frente de su decisión, por rendir cuentas sobre su actuación. Se le reprocha, en cambio, por evadir su responsabilidad de legislar sobre la materia y por no razonar con valentía. Es precisamente en las cámaras de diputados, federal y locales, donde radica la representación popular. De ellas de deben proceder las leyes que nos harán superar o no la crisis de todo tipo que atravesamos.

Una constante histórica nos descubre a los líderes exitosos en situaciones críticas llamando a las cosas por su nombre y plantados frente a la realidad. Los pueblos sobrevivientes, los grandes, son los que enfrentan los problemas, no los que los disfrazan o posponen.

Aceptar la realidad sería un buen paso a darse por pueblo y gobierno.

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