El Aborto

Publicado: 13 diciembre 2009 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

A continuación el artículo semanal del Lic. Ubaldo Orozco Perez. Disfrutenlo.

Amado Sosa

Pues la reforma al 150 del Código Penal de Veracruz parece aterrizar finalmente. El Congreso del Estado deja el aborto como delito y con penas en libertad: medidas educativas y de salud. La mayor suavidad que se le ocurrió.

Pero los enredos siguen. Mientras el Estado Libre y Soberano de Veracruz sostiene que el aborto es un delito, la federal Secretaría de Salud reparte gratuitamente un abortivo para los casos de imprevisión y arrepentimientos: la píldora o pastilla del día siguiente, que cuando sigue a una relación sexual con concepción produce un aborto, o sea la muerte de un feto pequeño. Una contradicción legal: castigar y permitir la misma acción al mismo tiempo.

Ya en México todo, sigue el pleito sin cambio. Abortistas y provida han reducido al mínimo sus razones. Para los primeros, grupos sociales y la ONU, la mujer tiene el derecho humano de decidir libremente sobre salud sexual y reproductiva en condiciones higiénicas y médicas suficientes. Para los otros, la Iglesia Católica, PRI y PAN, y sus organizaciones, dicho derecho no existe porque la vida humana protegida por la ley comienza desde el momento de la concepción.  Unos piden libertad otros castigo. El día de hoy contra el ayer.

Sigue la penumbra. El aborto es casi siempre un delito (algo ha cambiado la situación en el DF) pero sólo se persigue anecdóticamente cuando los bandos enfrentados encuentran la oportunidad de medir sus fuerzas ante audiencia nacional. La misma ley lo identifica con tibieza, aborto, pero no se trata de actividad fisiológica accidental, sino de una meditada y voluntaria. Estamos ante la muerte buscada de un feto, no ante un suceso imprevisto.

Más aún para los mexicanos de hoy el aborto, en ciertas circunstancias, no es delito a pesar de lo que digan las leyes.

En las discusiones los dos bandos ocultan. Los abortistas  no se refieren a un hecho primordial: el embarazo a interrumpirse es la consecuencia del uso de la libertad sexual de la mujer, de la libre disposición de su cuerpo; el feto no es producto de una violación.  Otra omisión, los abortos son reprobables socialmente  aunque se toleren. No son motivo de presunción sino de vergüenza para la abortante y su familia. Se tiene conciencia de mal obrar.

Los antiabortistas, por su parte, se esconden en fingir ignorancia de los actos de los suyos, como si ello los volviera inocentes, pero a todos nos ha tocado de manera cercana, en familiares o amigos, algún aborto. Tolerado o propiciado.  Y otro punto más importante aún: en este país no hay católicos. Así nos llamamos, pero no lo somos; queremos morir en comunión con la Iglesia, pero no vivimos conforme a ella. Basta un dato para probar el dicho: las familias mexicanas tienen pocos hijos lo que evidencia el uso de anticonceptivos condenados por el catolicismo romano. Y en el caso: un buen católico se atiene a sus creencias y no aborta porque una ley se lo permite. No debiera haber pleito.

Un punto a considerar en la discusión: la doctrina católica de tener tantos hijos como Dios da coincide con las enseñanzas que de Darwin pueden sacarse y aplicarse a los humanos. El vencedor en la vida es el que vive más tiempo y tiene mayor número de descendientes fértiles. La limitación en el número de hijos hace inaptos a los seres vivos. Dice Darwin en su bicentenario.

Otro punto. Las leyes provida que parecen ser fruto de una alianza de la Iglesia Católica, PRI y PAN, deben verse como una asociación temporal de intereses políticos próximos, visibles, y no de largo alcance. La Iglesia sabe perfectamente que el poder político cobra sus favores con sumisión y no pagará ese precio.

Otro más. Las leyes penales provida no cumplirán con su objeto de evitar los abortos y la realidad pobre, insalubre y falta de educación que los acompaña seguirá como hasta ahora. No habrá mejora o empeoramiento de las circunstancias: la decisión y práctica de los abortos quedará en el mismo terreno donde se encuentra, en el de las posibilidades y responsabilidad personal y social de los individuos.

Un último punto, no exclusivamente del país. Las instituciones y las leyes parecen incapaces de encaminarnos a sostener un valor distinto al inmediato y ajeno al propio. Una grave preocupación para la sociedad civil, el Estado y la Iglesia.

Va una disculpa por las simplificaciones motivadas por las necesidades de espacio.

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