La reforma del Estado

Publicado: 16 abril 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Recientemente apareció  publicada la Segunda Llamada a la Generación del NO, en la que se incrementó el número de personalidades que solicita a los amigos legisladores que aprueben las reformas políticas propuestas por el Ejecutivo Federal con la finalidad  de entrar al debate de fondo: el México que queremos.

El planteamiento del llamado es claro, lo que más importa son las reformas que han de cambiarnos como pueblo, y no las que afectan principalmente a un grupo de privilegiados en la forma de ejercer su poder en la democracia que nos hemos creado.

Topar con el Estado, en término coloquiales, es enfrentarse contra un miembro de los poderes oficiales, sea del orden que sea: federal, estatal o municipal. Y de cualquier naturaleza: ejecutiva, legislativa o judicial. Desde el presidente de la República hasta un secretario de juzgado.

Pero el concepto Estado comprende más realidades que el simple ejercicio del poder burocrático pues se compone fundamental del pueblo, de nosotros mismos, de la sociedad civil, de los que carecemos de poder. Sin sociedad civil no hay estado. Ni poder político.

Aparte, los burócratas no son el único poder político que se impone a la sociedad civil, o a una parte importante de ella, también lo son los partidos y sus capitostes. El clero de cualquier confesión religiosa también impone normas y hábitos de conducta a sus feligreses. La televisión, y cualquier otra forma de propaganda, no sólo nos imponen reglas para comprar bienes y servicios sino que nos formas hábitos casi imposibles de erradicar. Existen otros poderes tradicionales, los medios, la opinión pública, el ejército, los grandes empresarios, los líderes sindicales, los organismos internacionales, etc. La lista se amplia.

A este tipo de autoridades se les llama factores reales del poder. Acabamos de ver la forma de actuar de organizaciones empresariales en la frustrada reforma fiscal debatida en el 2009. No hay forma de librarse de su influjo. Ahí estarán a pesar de nuestros esfuerzos y de los del propio poder político que no podrá ejercerse absolutamente como es su pretensión natural. Siempre habrá áreas que escapen a su autoridad.

Como en otras épocas y lugares hay que considerar como un factor real, no legal ni legítimo, al crimen organizado que impone normas y obliga a su cumplimiento y recolecta grandes sumas de dinero, mediante la operación comercial de droga, extorsión, secuestro, venta de protección que el Estado, por su debilidad coyuntural, no puede brindar, etc. Cada vez tenemos más bajas civiles, ajenas a la guerra que libra el ejército y las policías con estas bandas, lo que evidencia para quien quiera negarlo, su carácter de poder fáctico.

Para efectos de fácil memoria se pone la enunciación de las reformas propuestas: reelección de diputados y senadores, segunda vuelta en la elección presidencial, iniciativa preferente para leyes secundarias, referéndum para cambios constitucionales, y candidaturas independientes. Esta lista deberían llevar a los legisladores a darse cuenta de lo limitado que se le pide: sólo modificar un poco la forma de ejercicio de su poder. No se trata de quitárselos.

No se les pide, por ahora, que legislen sobre sindicatos, bancos, riqueza y en consecuencia sobre pobreza, trabajo, educación, salud, bienestar, comercio, industria, seguridad y libertad, la milicia, cultura, los medios, internet, nuestras relaciones con otros estados, etc., es decir sobre el presente y el futuro de México.

Quedan para la sociedad civil las carencias y la necesidad de transformarse. Una tarea ingente y creciente que carga a sus espaldas y que ha de afrontar a pesar de las malas experiencias nacidas en dos grandes problemas: la falta de permanencia y forma de sus organizaciones y la corrupción de sus líderes. Han fallado, marchas, votos en blancos, cierres de vialidades, etc.

La frustración, la sensación de fracaso,  de impotencia, de pérdida de metas y medios, sociales todas, no han traído a país alguno  elemento de grandeza o justicia.

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