Gente de a pie y capitostes

Publicado: 29 abril 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Para terminar con el Huxley de Los Demonios de Loudun, 1952, vale traer a colación otra cita, un párrafo entero, que se refiere a quienes se aferran a las ideas de su propio bando, sin tener en cuenta intereses ajenos, tal cual son los de la sociedad civil. El texto dice:

La lealtad partidaria es socialmente desastrosa, pero para los individuos puede ser altamente compensadora, más aprovechable, en muchos casos, que la concupiscencia y la avaricia, puesto que los lujuriosos y los avaros difícilmente se enorgullecen del ejercicio de sus actividades. Pero la condición de partidario o correligioso constituye una pasión que permite a quienes la ejercen desenvolverse con satisfacción en sus diversos mundos. Puesto que la actividad que realizan la ejercen a nombre de un grupo, que es, por definición, bueno e inclusive sagrado, pueden admirarse a sí mismos y aborrecer a sus vecinos, pueden ambicionar el poder y el dinero, pueden gozar de los placeres de la agresión y de la crueldad, no sólo sin sentimiento de culpa, sino con un rasgo positivo de virtud consciente. La lealtad a su grupo convierte esos vicios placenteros en actos de heroísmo. Los partidarios se ven a sí mismos como altruistas e idealistas, nunca como pecadores o criminales. Y con ciertas salvedades, lo cierto es que sí lo son. El único problema consiste en que su altruismo es, simplemente, egolatría, y su ideal, por el cual se hallan dispuestos a entregar la vida, no es otra cosa que la racionalización de los intereses corporativos y de las pasiones de facción.

Lo notó Desmond Morris, Inglaterra, 1928, en Zoo Humano, 1969. Es sólo una verdad parcial decir que el poder corrompe. La subyugación extrema puede corromper con idéntica eficacia. Cuando el péndulo biosocial oscila hacia la tiranía alejándose de la cooperación activa, queda corrompida la sociedad entera.

Para la crisis nuestra de cada día quizá valga recurrir a extraños ya muertos. Calígula, emperador romano del 37 al 41, es tenido generalmente como un monstruo de desenfreno sexual,  crueldad, avaricia, rapiña y despilfarro. Sin embargo no fue tan malo dando consejos, pues repetía tres de los principios más importantes de la ciencia y práctica políticas, el del gobernante poderoso: Que me odien con tal de que me teman, el del débil suspirante vivir y conservarse para tiempos mejores, y el del adiós forzado: …nada había hecho que pudiera atraerle el odio de nadie.

Cruel y rapaz la gente de a pie. Temidos, pacientes e inocentes, los capitostes.

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