El segundo mandamiento

Publicado: 4 mayo 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Pensamos que don Puro tenía razón. No sólo un mandamiento sino otros más ya habían salido en nuestras pláticas, pero no dábamos con ellos o no podíamos enunciarlos en pocas palabras. A manera de orden o de prohibición. Algo de razón le asistía al cascarrabias con ansias de maestro. Nos falta su tino, su sarcasmo, y dicha sea la verdad, su deseo de que México sea grande ahora, para que me toque verlo, como él dice.

Pero no regresaba a nuestra mesa. Andaba en otra saludando. Sin prisa. Nos obligó a llamarlo. Vejete, acá está tu mesa, le dijo en voz alta mi compadre Florentino, más conocido como Chacho. Todavía se entretuvo unos minutos más. No le corría la prisa. Cuando se acercó preguntó, ¿qué les parece la ley contra inmigrantes de Arizona? Y se nos olvidaron los otros temas.

No es este lugar para comentar sobre la larga charla que tuvimos. Y como tampoco el lector tiene interés en nuestras cavilaciones y maldiciones contra los gringos sólo les paso las frases con que cerró nuestro héroe: los primeros gringos en arribar a las costas de Nueva Inglaterra llevaban en regla sus papeles migratorios; no eran como los inmigrantes de ahora que invaden países distintos al suyo y se ponen, sin permiso alguno, a trabajar para comer como Dios manda. Hay diferencias.

Y regresó sin más preámbulo al caso de la niña Paulette, en el que todavía no se determinan las circunstancias de su muerte ni las del paseo que le dieron a sus restos. No es necesario insistir en la insuficiencia de la investigación de la procuraduría mexiquense. Se trata de una institución que no procura justicia.

Y amarizó en aguas turbulentas: leyes injustas en un caso, aplicación injusta en otro. Los abogados como tú son una carga política y financiera en cualquier lugar en donde anden. Y fíjate bien en este país los licenciados se han encargado de que sea normal pitorrearse de la Constitución. Estudian y trabajan para corromperse y corromper.

No lo van a creer, pero el artículo 39 de la Constitución Mexicana dice que la soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo. Que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste.  Y resulta que el pueblo, la sociedad civil, con el beneplácito de los tres poderes políticos clásicos, ejecutivo, legislativo y judicial, no puede presentar candidaturas a puestos de elección popular. Es privilegio de los partidos.

Me interrumpió, no dejó que me defendiera ni a los de mi raza. Los que hacen las leyes son abogados aunque no lleven título o lo tengan de otra naturaleza. Todos los que juzgan son abogados. Si quieres en otra oportunidad te digo lo que pienso de los licenciados y te doy oportunidad de defenderte, pero no ahora, que voy a darles mis segundo mandamiento.

El viejano estaba feliz. Me había ganado la partida. No supe llegar en tan pocas palabras a lo que ya adivinaba como segundo mandamiento. No paró. Lo voy a enunciar, dijo, pero no debemos engañarnos. El primero es el mejor camino, el de la colaboración entre sociedad civil y quienes debieran ser sus verdaderos y únicos representantes, los diputados. Cualquier otro mandamiento ha de enfrentarse a resistencias mayores de nuestros partidos políticos durante mucho más tiempo. El segundo mandamiento establece lo siguiente:

Candidaturas ciudadanas a todos los puestos de elección popular. Sin más trámite.

Y nosotros seguimos de acuerdo:

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales  y de los partidos políticos.

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