Tiempos pasados

Publicado: 6 mayo 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Entre 1972 y 1975. Daniel Cosío Villegas publicó 4 ensayos que en su momento llamaron poderosamente la atención de los mexicanos con incipiente interés en la política. Correspondían a las primeras luces de la libertad de decir y publicar en el sistema político mexicano que aun ahora se niega a morir.

En el primero de ellos, El sistema político mexicano, don Daniel escribió entre otras cosas lo siguiente: Se sabe, sí, y perfectamente, que los beneficios del progreso material de los últimos treinta años se han distribuido del modo más inequitativo posible e imaginable. La mayor parte, mucho mayor, ha ido a los empresarios…

Un poco más adelante continúa: Es verdad que ésta (la Revolución) no tuvo nunca un “programa” propiamente dicho, ni siquiera el que presentaba la Constitución de 1917; pero sus tendencias principales eran inequívocas: un nacionalismo marcado, un “populismo” visible y la elevación no sólo económica y social, sino concretamente política, de los sectores de la población menos favorecidos, o sean los campesinos y los obreros.

Y también: No puede, pues, ponerse en duda que la economía mexicana se ha desarrollado de un modo perceptible y sostenido durante los últimos treinta o treinta y cinco años.

Don Daniel no podía evitar la burla: Además, como desde Calles se ha sostenido que la Revolución Mexicana es permanente, se colige que su calidad de reformista es también eterna.

Se refería también a la prensa mexicana: En efecto, la incredulidad de la inmensa mayoría de los lectores frente a cuanto comentan e informan los periódicos es tal, que se ha llegado no sólo a calificarlos de embusteros, sino al dogma de tomar como cierto lo opuesto a lo que dicen.

Sigue don Daniel en el uso de la palabra. A veces, sin embargo, (la opinión pública) sale a la calle y a las plazas bajo la forma de manifestaciones tumultuosas y aun violentas, como ocurrió con la rebelión estudiantil de 1968, en la que participaron la mayor parte de los estudiantes de las escuelas de enseñanza superior de la República, y con la de junio de 1971, limitada a los alumnos capitalinos de la Universidad Nacional y del Instituto Politécnico. La motivación de los estudiantes en esas dos ocasiones es sumamente compleja, de modo de que su actitud de protesta ha de atribuirse a una buena variedad de móviles. Y sin embargo, nadie pude dudar de que uno de ellos fue una profunda insatisfacción con la vida política del país.

Casi al final dice: La vejez, en rigor, la eternidad de ciertos problemas nacionales, hace no sólo innecesaria, sino ofensiva una nueva palabra.

Tiempos idos. Realidades idas

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