Regaños

Publicado: 11 mayo 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Me cayeron encima. Todos. El vejestorio no dijo lo que escribiste sobre los abogados. Se refirió sólo a algunos, no a todos, y menos a ti. Se te pasó la mano. Te cegaste. En eso, sin haber tenido la oportunidad de expresarme, llegó don Puro, que venía armado de disculpas. No era mi intención ofenderte. Discúlpame. Hablé en general. No se puede afirmar que la función de los abogados sea ser corruptos y corruptores de la sociedad. Así parece cuando hablan y actúan; pero sí hay decentes. Pocos.

Lo que en el fondo pasa es que ya nos pegaron sus mañas a todos los mexicanos. A mí que me lo prueben, decimos. Nada importa si lo que hicimos fue correcto o no. Sólo vale lo que se prueba. Y a veces. Ya nos olvidamos de intentar vivir conforme a nuestras creencias. Sólo nos importa la forma en que nos ven los demás. Aquí sí se le apareció a diablo al anciano pues agarró pleito con todos, no sólo conmigo.

Un momento, quienes perdieron los valores son los jóvenes, espetó Adolfo. Don, estás hablando sin saber, dijo Chacho, cállate. Sólo buscas notoriedad, le echó en cara Noé; ya no la necesitas ni la puedes lograr, ya eres anciano. Enrique, por el contario, señaló vamos  a oírlo nomás para ver por qué lado se escapa. Guardé silencio, convencido como estoy ahora de que así me va mejor. No vuelvo a caer en sus trampas. Aparte sí tengo algo de remordimiento.

Y apareció el peine a modo de confesión. Hasta yo he caído. Yo que no tengo necesidades casi de ningún tipo, deseo ante todo que me escuchen y más que me hagan caso, que no me olviden. Intento recuperar, de cualquier forma, el tiempo perdido. Estoy mal. No es importante que se me atribuyan los mandamientos que les he enseñado porque andan por el ambiente. Basta con saber escuchar a casi cualquiera. No hay ideas nuevas y sí un sistema político muy viejo y moribundo al que le aplicamos aire al principio del milenio.

El problema somos todos. Y lo peor es que no nos damos cuenta de que sí influimos en lo que pasa. Nos creemos una insignificancia cuando somos lo contrario.

Con eso no te escapas, dijo Noé. Tienes que aclarar lo que dijiste. Como el viejito se dio cuenta de que todos estábamos en su contra señaló que seguiríamos con el tema según lo fuéramos tratando. Aquí me sentí atrapado. En un inicio pensé en que bastaría con referir sus 10 teatritos y que sería suficiente. Ahora veo que no. Ni modo tendré que aguantarlo. Y vino lo peor. Acordamos reunirnos cada jueves, con excepción de aquellos que precedan a nuestras reuniones de más jolgorio.

Ya dueño de la situación don Puro acabó con su tarea del día. Lo que sostengo es molesto, pero los mexicanos no sólo somos culpables de la ineficiencia y perversidad de nuestros políticos sino que las propiciamos. Partidos y políticos cumplen con dar espectáculo y enriquecerse. Les estamos pagando para que nos apaleen y nos roben. Los celebramos y les tememos. Convivimos con ellos en restaurantes y otros sitios públicos. Los aceptamos en nuestras casas. Parecen nuestros dueños, no nuestros empleados.

Don Puro dijo algunas barbaridades más, que no he podido traducirlas a un lenguaje menos ofensivo. Si lo llegó a hacer las conocerán. Como fuere el viejo no se salió del tema: calificarnos a los mexicanos como lo peor. Sabedores de que se crece al castigo le tomamos la palabra. A la siguiente aclaramos.

Y mientras tanto, confiando en el juicio de don Puro expreso:

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales  y de los partidos políticos.

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