La guerra

Publicado: 13 mayo 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

En 1932, Albert Einstein y Sigmund Freud intercambiaron correspondencia sobre la existencia de alguna manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra, bajo la premisa de que de la respuesta depende la existencia de la humanidad civilizada.

El primero señaló  entre otras cosas lo siguiente: el camino de la seguridad internacional pasa por la renuncia sin condiciones de los Estados a una parte de su libertad de acción o, mejor dicho, de su soberanía, y parece indudable que no existe otro camino para alcanzar esta seguridad… La necesidad de poder del sector dominante se resiste en todos los Estados a una limitación de sus derechos de soberanía. Dicha necesidad de poder se alimenta con frecuencia de un afán de poder material y económico de otro sector… la minoría de los dominantes tiene sobre todo la escuela, la prensa y casi siempre también las organizaciones religiosas bajo su control. Con estos medios domina y dirige los sentimientos de las masas, al tiempo que los convierte en sus instrumentos.

Más adelante señala la respuesta sólo puede ser: en los seres humanos anida la necesidad de odiar y de destruir… Soy consciente de que la agresividad obra también bajo otras formas (aparte de la guerra entre Estados) y en otras condiciones (pienso, por ejemplo, en las guerras civiles… o también en la persecución de minorías nacionales).

De la respuesta que dio Freud entresaco lo siguiente Derecho y violencia son hoy para nosotros antagónicos, pero no es difícil demostrar que el primero surgió de la segunda… En principio, pues, los conflictos de intereses entre los seres humanos se solucionan mediante el recurso de la violencia. Así sucede en todo el reino animal, de cual el hombre no habría de excluirse… Al principio, en la pequeña horda humana, la mayor fuerza muscular era la que decidía a quién debía pertenecer alguna cosa o la voluntad de quién debía imponerse… al poco tiempo… con la adopción de las armas, la superioridad intelectual comienza ya a desplazar a la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que se le inflija o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes combatientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición. Este objetivo se alcanza de la forma más completa cuando la violencia elimina definitivamente al enemigo, es decir cuando se lo mata.

Un poco más adelante señala: Análogamente, el sentimiento de la comunidad cristiana, sin duda alguna poderoso, no tuvo fuerza suficiente para impedir que durante el Renacimiento pequeños y grandes Estados cristianos  solicitaran en sus guerras mutuas el auxilio del sultán.

Es de sobra conocida la frase de Carl von Calusewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios.

La vuelta se completa.

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comentarios
  1. Luis R. F. Casanova Martínez Garza dice:

    Siempre lúcido y brillante mi inolvidable Maestro Don Ubaldo Orozco Pérez

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