Pendientes

Publicado: 1 junio 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Tomen sus apuntes, nos dijo el veterano, una vez que los lean se darán cuenta de que muchos temas se han quedado sin concluir y ninguno me exige que lo haga. Si no doy más es porque no tengo rival enfrente. Le pedí a Enrique que nos trajera un juego de apuntes, a cada uno, para que lo tengan a la vista en nuestras clases y pregunten si les conviene. El mismo ingeniero Aguilar les traerá la última entrega cada vez que nos veamos.

Y tú eres el principal culpable con tu desorden, me señaló con enojo como si me pagara por ser su secretario. Terminas a la carrera. Sin cuidado. No te fijas en lo que digo. Y sonsacas a tu compadre, ya lo alejaste de mí. Atiende. Aprende que mucha falta te hace. Escribes como si supieras, pero nada sale de tu cabeza sino de la mía. Nada es original tuyo. Agradece. Estudia taquigrafía o trae una grabadora. Desmemoriado.

Ya dueño de la situación el vejaruco fue al grano. No estaba borracho, gracias Adolfo por darte cuenta, no tengo ese vicio. Hice un experimento. Pido disculpas, no sólo a los políticos sino a todos los capitostes que mencioné. Dije que políticos, burócratas, obispos, banqueros, capitanes de la industria, el comercio y la publicidad, líderes sindicales, capos del crimen organizado, comerciantes de armas, generales no tenían madre, lo cual puede ser o no cierto, pero no hay razón para que los ofenda así, yo debo señalar sus hechos, y si estos son deshonestos o ilegales habrá de calificárseles como reprobados. No puedo rebajarme al extremo de juzgar por simpatías o amargura o por algo peor. Señores capitostes discúlpenme si me leyeron. Y si no, también.

Estoy desilusionado de ustedes. Cada cual tiene pintado su corazón. Ahora más tricolores que azules. Quizá el contreras siga siendo amarillo, como en el 2006, pero lo dudo. Como sea, todos festinaron hasta con aplausos mi discurso del día de las madres, como si con eso cumplieran sus deberes con la Patria. Así aprobaron mi improperio y no se dieron cuenta de que medí con igual vara a todos los capos. De la política, de la Iglesia, del comercio, del crimen organizado, etc. Según ustedes todos merecen mentada de madre disfrazada; pero en su vida diaria conocen y tratan, a veces indirectamente, a alguno de estos capos y los consideran decentes, muy decentes. Así me lo han jurado y perjurado. Además se les pegan para sacar provecho propio. Pero aquí los condenaron. Aquí los juzgaron. Son ustedes hipócritas. Dobles. Sesgados. Flojos. Y cobardes porque no defendieron al propio de mi injuria.

Empezábamos a protestar cuando el vetarro sonriéndose como un niño de dos años expresó: todavía no acabo. Igualé al narcotráfico con la política, la iglesia, el comercio y otros, a su entera satisfacción. Todos los capitostes, según ustedes, nos tiranizan, nos explotan por igual. No, aún falta. Saqué de la lista a los capitostes de las televisoras y los medios y todos estuvieron de acuerdo en no reprobarlos. Ninguno se acordó  de  ellos. Según esto son probos cuando a diario se quejan de lo interesado y torpe de sus actividades, de su sumisión, de sus complicidades y de que nos esclavizan por igual a productos, políticos e ignorancia. De todo esto deduzco que ustedes son cómplices, interesados, cobardes, dejados, egoístas, ignorantes, amorfos, tontos.

No. De ustedes no me disculpo. Ratifico lo dicho. Son huérfanos porque se ganaron uno a uno los calificativos que les he puesto.

Para tu carro vejete insolente, soltó Adolfo. A mí no me tratas así. Y hablo por todos. Somos decentes. No voy a darme de golpes contigo, pero retiras lo dicho a como dé lugar, anciano fracasado. Frustrado. Todos te rechazan, hasta los de tu casa, por metiche e injurioso. Si no fuera por nosotros pasarías tu vida hablando solo, dale gracias a Dios de que te aguantamos. Decrépito.

Don Puro adoptó  un tono humilde. Mucho les agradezco sean mis amigos. Tienen razón son los únicos. Lamento lo dicho y pido perdón. Ocurre que estoy muy preocupado por la situación social y venía pensando en lo que el futuro nos depara. Quizá por eso les endilgué los calificativos que merecen otros. Olvídenlo por favor, al ofenderlos no pensé  en ninguno de los presentes. Fue un error de mi parte. No hay excusa, ¿estamos en paz?  Déjalo dijimos, vamos cambiando de tema.

El vejestorio todo corrido se levantó y con la cabeza gacha se fue al otro extremo de la mesa, a donde estaban las mujeres, pero ni siquiera hubo tiempo de que se sentara. La paella estaba lista para servirse  y se requería un nuevo acomodo para dar con ella. Marido y mujer juntos. En cuanto nos sirvieron don Puro sonó un vaso, se levantó y dijo: debo disculparme. Pero se acabó el espacio. Y lo acaecido da todavía para varias entregas.

Pero para evitar futuros desaguisados repito el segundo mandamiento:

Candidaturas ciudadanas a todos los puestos de elección popular.  Sin más trámite.

Y el primero, y único según don Puro:

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales  y de los partidos políticos.

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