Confusiones

Publicado: 10 junio 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Creo que al lector le interesan más algunos comentarios actuales de don Puro en vez seguir con el relajo del día de las madres y su secuela así que primero les daré a conocer un resumen sobre algunas de sus opiniones más recientes, sin olvidar desde luego los relajos del vejestorio.

Parece que el país quiere vestirse de nuevo de tricolor. Los azules que perdieron frente a ellos el estado de Yucatán; y Mérida después de casi 20 años de no soltar el poder acusan de trampa a los ganadores. Obvio es que la hubo, sin embargo se ignora si influyó en los resultados finales de las elecciones. Pero no pasará nada. Ya ven, volvemos a usar el lenguaje de antes: no pasa nada. Y así será mientras el pueblo aguante las triquiñuelas por convicción de que no influyeron en el resultado o por la comodidad de no hacer nada, pero si observamos los porcentajes de votos en las casillas nos daremos cuenta de que el triunfo del tricolor no fue tan cómodo como parecía y quieren hacernos creer.

La lectura: la vuelta al pasado que pretende el votante  no busca el remoto, el de carro completo, el de la uniformidad, sino el más cercano, el que va de Miguel de la Madrid Hurtado a Vicente Fox Quesada.

El caso Paulette. Les señalé lo que ocurriría y eso pasó. Su resolución a nadie satisface. Y no lo hará, aun en el caso de que se hubiera hecho justicia. Todos dudamos sobre la salida oficial: la muerte un accidente, el escondite del cadáver, sin olor ni otros signos externos de descomposición, durante 9 días un descuido. Y como tenemos la costumbre de dormir en camas con sábana de cajón, o de abajo, y hemos visto CSI creemos que la experiencia propia y ajena nos autoriza no sólo a dudar del dicho de la Procuraduría del Estado de México sino a sostener que lo cierto es precisamente lo contrario. Y podemos hacerlo de forma que todos puedan escucharnos y lo hagan.

Y ya de profetas políticos celebramos el costo en la intención nacional de voto que pagará el favorito en las encuestas, el Gobernador tricolor del Estado de México. Algunos han dicho que volvemos a partir de cero.

Antes que otra cosa: un deber claro para lo sociedad civil, valorar el peso de su exigencia en el accionar gubernamental. Y tomar providencias. El odio ya llena las redes sociales. Aguas, no es fácil encontrarle un camino productivo y pacífico. Don Puro no se quedará callado, pero se siente solo. En el mismo orden de ideas: hemos de aprender a vivir ante los demás. Es más difícil escondernos, se acaba el secreto, el chisme abarca otra vez a todo el pueblo, a toda la ciudad, a toda la conurbación. A todo el país.

Y cambio de tema dejando en el tintero otras sabias admoniciones para la siguiente oportunidad. Y las puestas serán completadas, claro está.

Ante la paella. En cuanto se hizo el silencio don Puro lo mantuvo hablando bajito, como si no quisiera que lo escucháramos. Pidió disculpas a nuestras esposas por haberlas olvidado en su discurso y concluyó el que le quemaba por dentro. Queridas señoras, madres de nuestros hijos, y te incluyo a ti, Lulú, os ofrezco una amplia disculpa. No tuve oportunidad de acabar mi pieza oratoria de hace unos días, pero siempre es hora de hablar de las virtudes de las madres mexicanas. Y se aventó un largo sermón aprendido de memoria. Más o menos dijo lo siguiente: Son abnegadas, sufridas, generosas, ahorrativas, se pasan el día encerradas en casa, pegadas a la cocina o a la máquina de coser o ayudando en las tareas a los 10 hijos y corrigiéndolos, planchando, lavando, comprando en la tiendita de la esquina, esperando con dulzura y fidelidad al marido por la noche para darle de cenar después de una larga jornada de trabajo mal pagada. Y todavía le sobran fuerzas para acostar a los hijos que gustosos esperan al padre a su regreso del trabajo fecundo y creador.

Fueron las propias señoras las que abrieron la batalla, ¿de quién habla? Éste no sale del siglo antepasado, dijo Chela la esposa de Adolfo. Carmelita, la de Enrique, apuntó prudentemente, lo veo como enfermo, ha de tener fiebre. Mi comadre Pati fue un poco más lejos: déjenlo acabar. Ya no protesten. Luego todos nos divertimos como si no hubiera pasado nada (sic). No le hagan caso, se arma otro pleito. Total que Chacho no le hizo caso y soltó unas cuantas palabras, ¿qué te metiste don Puro? Y se hizo el silencio hasta que entre todos exhortamos al anciano a terminar. Agarró sin interrupción con los hijos por no darse cuenta del sacrificio de sus madres y padres, a pesar de que escuchamos algunos murmullos retenidos sabiamente. A fin de cuentas las mujeres, empezando por Lulú su esposa, lo callaron cuando pidió comprensión o, mejor dicho, permiso para que los maridos regresáramos a casa más tarde los viernes por las noches, la verdad el sábado antes de salir el sol, porque los vicios de muchos años no son fáciles de dejar. Ustedes saben, el dominó y alguna copa con los amigos. Si bien el veterano terminó más tiempo hubo para oír a nuestras mujeres. La frase que menos me hirió fue la siguiente: ustedes sólo se desvelan si se toman una jarra de café. Y luego se pasan el día malhumorados porque no pudieron dormir. Seguiremos.

Al trabajo. Repito el primer y único mandamiento según don Puro:

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales  y de los partidos políticos.

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