Felicidad

Publicado: 29 julio 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

La sonrisa de oreja a oreja. No pudo ocultar su felicidad. Don Puro se sentía muy ancho después de leer mi columna que le cedo por algún tiempo. Pero ni así le doy gusto. Gracias por darme más espacio, pero lo merezco aparte te notabas perdido, siempre te hacen falta mis ideas; a la gente hay que darle la comida ya digerida y tú no eres capaz de hacerlo.

Cuando Enrique le señaló que ya estaba echando condenas en vez de agradecer se quedó callado por un rato. Luego señaló: tiene razón Enrique, no eres tan malo. Lo tomé por un elogio forzado.

Y empezó el anciano con un sermón bien aprendido. Me dicen que veo a México en crisis cuando no lo está. Creen que sólo condeno por ser viejo; que sólo veo lo negativo. México está bien, su economía crecerá más de lo previsto, en política tenemos alternancia y no pasa nada. Los medios quieren hacernos creer que estamos mal; los medios no han evolucionado a la par del país, se quedaron en la etapa de la lucha por la democracia, de las denuncias y se han corrompido. Sí, tenemos el problema de la seguridad, pero es uno y existe en muchas partes del mundo. Quienes lo ven todo negro es porque no creen en México, en ellos mismos.

Con una sonrisa de satisfacción el viejano se dirigió a mí: he sido generoso con los medios en tu obsequio, pero sostengo que estamos en crisis. En época de cambiar estructuras, y algunas coyunturas, sociales, políticas y económicas o si seguimos como vamos, deteniéndonos sin sabe qué hacer y esperando que otros nos pasen o invadan, de sufrir daños muy grandes, quizá irreparables en situación de paz y libertad. Sólo me referiré a aquellas en las que hay coincidencia de su necesidad imperiosa ya.

Las reformas, hacendaria (ingresos y egresos  del estado), laboral (individual y colectiva), energética y educativa, cuyos aspectos en la vida diaria casi agotan nuestra vida que pasa entre pagar impuestos, utilizar servicios del estado, trabajar, acudir a la escuela y transportarnos…

El problema de la inseguridad que sienten y padecen los ciudadanos. La seguridad de su vida y sus posesiones  es uno de los fines o propósitos esenciales de un estado. Si no los proporciona no se justifica, no vale los impuestos que cobra. Y en este punto, repito, todos coincidimos: la protección que recibimos del Estado es insuficiente. El mal afecta a todos, incluyendo ya  a la clase política más encumbrada. Puede tratarse de un problema coyuntural (no es cierto), pero afecta ya a todo la sociedad. No vivimos en guerra, pero sí hay lugares en el país en que la hay.

En el ejercicio del poder hay alternancia, pero faltan las reformas en el modo de ejercerlo y en algunos aspectos de su distribución. También hay acuerdo aunque no se expresa con claridad, por complicidades y conveniencias,  en la necesidad de un cambio en la distribución del gasto, es decir en una coyuntura, sea electoral o partidaria.

Y todos estamos de acuerdo en la necesidad de una reforma, aunque tampoco se expresa por las razones citadas y  otras: el temor a  las fugas del capital y las inquietudes sociales, en la distribución de la riqueza y de su contenido social. En este país, las crisis financieras, estamos saliendo de una de ellas, nos dejan un solo efecto perdurable: el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres. Los primeros más ricos y los segundos más pobres.

Si con todas las necesidades de reforma señaladas nuestra situación no es de crisis, es que esta palabra ya perdió su significado. No hemos obtenido los mexicanos un estado que cambie nuestro modo de vivir, que erar nuestro anhelo y propósito cuando elegimos a Fox.

Y eso que falta por tratar el más grande problema que tenemos: nosotros mismos. La sociedad civil, que incumplimos las más elementales normas de la convivencia.

México sí está en crisis y requiere medidas urgentes. Los gobernantes no cumplen con sus funciones, no nos dan las reformas legales ni las medidas coyunturales que todos sabemos indispensables para este momento porque nos topamos con su carencia una y otra vez. Lo peor el legislativo tiene los proyectos en sus manos desde hace tiempo.

Por mi propongo medidas concretas, que cualquiera puede entender y ver en ellas su bondad y utilidad para ahora mismo.  Medidas que requieren de la actividad de gobernantes y gobernados.

Ahí queda abajo la primera y quizá única. Yo cumplo.

El viejo no entiende, ¿por qué meterse con nosotros?

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales  y de los partidos políticos.

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