No pasa nada

Publicado: 24 agosto 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

La razón te asistía. En este país nada pasa. No se pierde nunca la oportunidad de opinar sobre cualquier tema. Sólo se pospone. Siempre hay oportunidad. Siempre hay otro momento. Tengan por seguro que podrán escuchar toda mi sabiduría. En algún momento u otro. Bueno, siguió don Puro los huelguistas de hambre del SME  no resultaron tales. Fuertes como un toro bien alimentado. Así era de esperarse.

Vamos al tema de las inundaciones. El sábado en el DF. Hoy domingo en Naucalpan, estamos comiendo ya casi de noche por esperar a Noé que venía de Lomas Verdes.

Bien hicieron las autoridades multicolores, pues parece que son de los tres, están de acuerdo en que las inundaciones sólo se dan en los lechos de los ríos, porque los otros se llaman encharcamientos. Con ese nombre el agua hace menos daño y la gente siente mucho menos miedo. Tanto de sus vidas como de sus bienes. Bueno eso creen nuestras. Que con cambiarles el nombre a las cosas la situación de estas cambia. Y no, sigue cómo está.

Además recuerden que el desazolve, olvidemos, en este momento, otros sistemas y necesidades más complejas, que impide los encharcamientos no se ve. Es decir que la inversión que las autoridades hacen no se ve, pero sí sentimos el agua. No se va. Se queda con nosotros un largo rato. Nuestros capitostes, nuestros dominadores, nuestros jefes  nos dejan pensar que la inversión fue a parar al bolsillo de los políticos y sus socios. O de los partidos y sus campañas eternas. O sea que no hubo desazolve aunque sí se pagó.

Es justo decir que casi todas las autoridades políticas en el mundo pecan igual que las de aquí, pero también es justo decir que las acciones de las otras casi no nos afectan a menos de que sean de gigantes como el vecino país del norte y China, que ya casi está a un lado. Y también que no es lo mismo cometer tonterías cuando una situación política está muy mal, como aquí, que cometerlas cuando el país va más o menos bien. Se echa a perder más en el primer caso.

Deseo resaltar continuó con plena seguridad en sí mismo cuando Chacho le preguntó si un encharcamiento sería suficiente para tapar a un adulto. Don Puro muy seguro afirmó que no. No me entendiste, quise decir un adulto como tú, de tu pelo. Como el viejito es chaparrón aquello fue una carcajada general. Y luego otra. Diles cuanto mido me gritó con mucha angustia como si estuviera siendo tragado deveras por un encharcamiento. Aquí tuve que mentir aunque riéndome. Don Puro mide uno con setenta. Ahora sí pareció que el viejito se nos iba. No soy Purificación. Ni Jesús de la Purificación. Ya les dije. Y si me ven bajito es porque camino encorvado por la edad, pero tengo estatura normal. Uno setenta.

Síguele… apuntó Enrique que no pudo sacar el nombre de nuestro amigo, y continuó: ándale. Y ahora sí el veterano arremetió con todo y sin orden. Aquí va mi cuarto mandamiento:

La sociedad civil ha de mantener el control del sueldo de los diputados.

Ya sé que no saben cómo se hace, y no se los voy a decir ahora, pero vivimos en el país de las denuncias y la sabiduría. Todos avientan piedras. Frijoles decíamos nosotros. Frijoleros. Todos denunciamos: las autoridades, los ricos, los pobres, los viejos, los jóvenes nos echan la culpa, los sabios, los periodistas, los intelectuales, el vecino, los taxistas, todos denunciamos y creemos que eso es suficiente. Hasta sentimos que somos sabios y que nuestra moralidad está por encima del que nos escucha. Y lo peor hasta creemos que nos oye. Pues no es así. La iglesia. Ustedes…

Tranquilo, compadre dijo Adolfo. Nosotros no fuimos. No agarres parejo. Dile a Chacho lo que quieras.

Y lo que siguió no es materia de este cuento, pero hubo de necesidad de que Cristina, mi esposa, sacara una cinta de medir y efectuar varias mediciones. Sólo a la última el viejito completó el metro con setenta. Chacho dijo que no se valía porque el viejo se había parado de puntitas.

Aquí ya estaban sirviéndonos un segundo mole de olla como merienda y los dejamos en su pelea y nos enfrascamos en la nuestra que era comer ya de gula.

Para evitar más pleitos traigamos a la mente el primer mandamiento del veterano.

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales  y de los partidos políticos.

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