Los ángeles

Publicado: 15 septiembre 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

Antes de llegar a la casa de Enrique pasé por don Puro a quien encontré determinado a no comer de visita, pero no había contado con la decisión que Lulú había tomado días atrás. Llévatelo y no me lo devuelvas hasta en la noche. Y puede tomar lo que quiera, aquí se enfada mucho y nomás estorba. Diles a todos que gracias por sus buenos deseos y oraciones. La gravedad ya pasó. Ya estoy mejor. No es cáncer sino cosa de tiempo. Y luego de cuidarme. Me desatendí mucho.

El viejito me acompañó a su pesar. No se ponen de acuerdo los diputados para elegir a su presidente porque los tricolorianos quieren de todas todas; el presidente celebra éxitos y llama a trabajar todos unidos en proyectos únicos, indispensables para el país; el lío del cardenal sigue; al igual que las escaramuzas de la lucha contra el crimen organizado. Y todos tienen razón, el poder se ejerce o se pierde. A los políticos no les importa el 2010 sino el 2012 y 6 años de premio. Pero no habrá avance en las reformas legales y políticas necesarias. Ni siquiera se aprovechará el presupuesto del próximo año para cambiar el curso del país.

En días como hoy siento alegría de ser viejo. No viviré para ver cómo acaba esta charada. Lo desperté del mal sueño. Llegamos a casa de Enrique, esperan tu público y unas copas de vino. No puedes parecer derrotado. Tienes razón contestó engallado: no hay paz para el hombre de bien.

Decíamos que del lado de los buenos en la lucha contra el hampa, como poder que es, está en primerísimo lugar el poder del Estado. El gobierno en todos sus niveles, órdenes y rostros. El presidente de la República, los gobernadores y el jefe de gobierno del Distrito Federal, los presidentes municipales, los congresos, el aparato judicial,  el ejército, la marina, las policías, las procuradurías, hacendarios, los del Seguro Social, los agentes de tránsito, los de aduanas, los inspectores de bares, los maestros, los de la CFE, y un larguísimo etcétera federal, estatal y municipal.

Desde cualquier ángulo de estudio el Estado pretende obtener el monopolio del poder. Que nada se les escape, dinero y comportamiento total de los ciudadanos, puesto a manera de ejemplo. Que paguemos impuestos, que lo mismo ocurra con la venta y circulación de mercancías y servicios, que cumplamos con todo tipo de la ley, que eduquemos en la ley a nuestros hijos, que elijamos a nuestros gobernantes, que trabajaremos productivamente, que cuidemos nuestro dinero, que no nos dañemos la salud y vivamos muchos años, que seamos tolerantes con las diferencias, que circulemos a ciertas velocidades seguras y por ciertos carriles y caminos seguros a todas horas. Y otro largo etcétera. Pero el Estado es el poder, o al menos debiera serlo, que nos conduce al bienestar y al mejoramiento de las condiciones de convivencia presente y futura.

Y en todo esto ha interferido en hampa.   Pongo de ejemplo, señaló con dedo de fuego el anciano, repitiendo sólo en lo necesario, el hampa tiene su propio ejército y propias leyes, escapa al orden legal, cobra y otorga protección contra otras bandas y contra la autoridad, extorsiona y secuestra y obtienes recursos; roba, siembra,  fabrica, recolecta, procesa, trasiega, distribuye y vende droga; contrabando, mercancía adulterada o robada, de personas; impone su propia ley bloquea calles, administra carreteras de cuota; lava dinero que no paga impuestos, reinserta dinero en la economía formal, da trabajo jóvenes y viejos y se convierte en modelo de vida para muchos por su acceso aparentemente fácil a la  riqueza, al poder, a la notoriedad, al éxito y a la brevedad de la vida, daña saludes y siega vidas, vota efectivamente, como ya se los había dicho, castiga, priva de la vida, y no es tolerante cuando se le invaden sus territorios conquistados.

Aparte el hampa penetra las entrañas del Estado, crea su quinta columna y lo obliga al uso de fuerza ilegal para combatirla. Es un enemigo poderoso con pretensiones iguales a las del Estado: constituir un monopolio de poder. Algunos ya lo expresaron en voz alta.

Un campo de batalla muy visible, pero no es el único. Enuncio otros poderes del lado de los buenos: la Iglesia, todas;  el capital; las cúpulas sindicales y empresariales; los medios; la Universidad… aquí intervino Chacho, oye virgen… no Florentino, hoy no me molesto y tampoco lo acepto. Y se vino el montón: déjalo hablar, gordo, irresponsable, payaso, ignorante.  Por fin el viejo se había ganado algo de simpatía. Aunque fuera a  cambio de tristeza.

Como ven estudio mucho para opinar con provecho de quienes me escuchan. Y en primer lugar hay que llamar a las cosas por su nombre. Se lo merece un país inmensamente rico como es este México. Nos sobra el dinero.

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales  y de los partidos políticos.

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