Héroes de verdad

Publicado: 5 octubre 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

En corto, antes de iniciar su sermón, me agradeció no haber escrito las barbaridades que dijo al final de su charla anterior. Ya para todos agradeció que en su obsequio celebráramos en octubre el día de la Patria. Y con voz de político dando el Grito de Independencia, don Puro comenzó una bella pieza oratoria de su composición.

Hoy hablo por los olvidados. Entre tanto festejo ni siquiera se hizo mención de los héroes del rumbo que dimos a la Independencia. José Antonio Torres, el Amo, y Marcos Castellanos. El primero fue natural de San Pedro Piedra Gorda, Guanajuato. Tomó su apodo de haber sido mayordomo de haciendas. Recto y honrado, de alma limpia, noble y valiente, fino, esforzado, dulce con los infelices, humanos con los vencidos lo llama la voz del pueblo. Con pedradas de mano y honda tomó Guadalajara venciendo a Villaseñor que llevaba armas de fugo.

Luego cometió un error que le costaría la vida: entregar el poder al señor cura Hidalgo, que revivió al verse poderoso otra vez. Para abrir cuentas ordenó una matazón de gachupines y luego fue al Puente de Calderón a que Calleja le acabara el ejército y la carrera militar.

Cuando el Amo andaba reclutando gente para continuar la guerra los realistas lo apresaron, lo llevaron a Guadalajara, lo ahorcaron y lo desmembraron.

Viva México gritó y a coro respondimos Viva. Y aplaudimos. Y un brindis con tequila.

El héroe de la isla de Mezcala, Marcos Castellanos, nació en Sahuayo, Michoacán. En tu tierra, licenciado, por si no lo sabías. En la hacienda de La Palma. Encabezaba la última resistencia de los independentistas, según el propio Félix María Calleja del Rey. No había más. El cura interino, con indios de las orillas de la Laguna de Chapala y algunos rebeldes, resistió heroicamente por 4 años. Batallas navales. En tierra. Muchas más victorias que derrotas. Luego los realistas quemaron pueblos y sembradíos, les cayó una epidemia a los insurgentes que los inutilizó y les llegó el hambre. Ante tantas desgracias de muerte segura Castellanos negoció con el virreinato la entrega del islote a cambio de una paz honrosa. Y de comida inmediata para los resistentes. Ya les andaba con el hambre por sólo comer ratas y lagartijas.

Murió a los 80 años. Pobre. Abandonado. De hambre. En Ajijic, Jalisco. En 1826. Los realistas lo habían llamado viejo septuagenario, adocenado (vulgar) y sin ilustración ni aspecto militar.

Viva México, le volvió a salir desde adentro. Le contestamos con vivas más fuertes aún y más aplausos y cerveza y tequila.

Y pareció cambiar el tema. Los mexicanos no aceptan su propia grandeza. El coloso. A buscarle parecido: que si Fox, que si Zapata con bigotes recortados, que si un traidor, que si uno que vende caldos de pollo. Yo respondo: a fuerza tiene que tener parecido con muchos mexicanos, ni modo que le hubieran puesto rasgos de japonés; o de hindú; o de escandinavo; o de africano. Y con un campesino porque ellos han hecho las grandes hazañas de México. El coloso es mestizo. Válgame Dios. El coloso es del tamaño de muchos mexicanos. Pasados y presentes. De mexicanos que se notan y de los que no se dan a conocer. No tengamos miedo a nosotros mismos.

Y soltó el tercero. Viva México. Viva coreamos, pero con menos entusiasmo. Y sin palmear, la verdad y un brindis sin tocar con los labios el caballito.

Reflexionen. Prefieren celebrar a los nombres que a los hombres: ustedes mismos. El entusiasmo que la cabeza. La fama por poca que sea, la faramalla, el aplauso que el trabajo diario. Ustedes desconocen su propia fuerza. Menos van a usarla. Son fáciles. Hubieran aplaudido más si les echo a los políticos. Nos tenía sorprendidos. Como embelesados. Y le echamos unas porras y aplausos. Nos hace falta que nos hables así. Salud con cerveza y tequila.

No quiero acabar sin referirme al 2 de octubre. Fue un movimiento de adolescencia. Un juego que acabó en tragedia. Carente de dirección, pero síntoma inequívoco de que el sistema político tricoloriano de corrupción, fuerza bruta y desigualdad social asfixiaba. Díaz Ordaz, o Echeverría lo mismo da, se dio cuenta y usó su mano izquierda: la violencia homicida porque la diversión es contagiosa. Ojalá el México del 2010 sea el joven extraviado. Lo aplaudimos a rabiar y brindamos con él. Lo celebramos. El viejo sabe echar buenos discursos. Como cualquier político. Pero no faltó la voz discordante. Chacho por lo bajo susurró: el vejestorio se metió algo o anda borracho.

Para acabar y quedar en paz pongo su primer mandamiento

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales y de los partidos políticos.

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