Ahora sí

Publicado: 3 noviembre 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

La ley fiscal es un engaño repitió don Puro. Palabras que sirven a los capos políticos para sacar su tajada vendiendo su poder de manipular el sentido de los votos de los legisladores. Pero también la sociedad civil se acomoda.

Celebramos operaciones sin comprobante fiscal, gastamos efectivo, bajamos el precio de los inmuebles para pagar menos impuestos, conseguimos, intercambiamos o endosamos facturas o recibos, pagamos mordidas en efectivo, en dólares, en centenarios, en viajes, ahorramos fuera del sistema legal, fuera del país, etc. En pocas palabras: preferimos vivir en la incivilidad fiscal.

También a los capos de los dineros les convienen leyes tan complejas como las nuestras: siempre solicitan y encuentran un resquicio legal para no pagar y magnificar su función de retenedor, recaudador y generador de divisas, empleos, riqueza y otros beneficios. Y cuando pagan buscan y obtienen, en muchas oportunidades, millonarias devoluciones. Pero esto no es escusa de la burocracia para no cobrar: ella propone los términos de las leyes fiscales y contribuye con su propia cuota.

Otra parte de la sociedad civil, la menos favorecida, recibe otro tipo de subsidios, a manera de ejemplo: efectivo en los programas sociales. Así la compran y la convierten en cautiva.

Aceptamos los cambios con protestas, y mejor nos adaptamos para no cambiar. Todos contentos. Ruiz Cortines definía al sistema mexicano político como una rueda de corruptos en la que el de atrás tiene la mano metida en la bolsa del de adelante y ¡aguas! el que la rompa. No hemos cambiado. Nuestro sistema político es tan perfecto que pasa sin cambiar tiempos, historia, doctrinas, leyes, personas, críticas innumerables y crecientes. No pasa nada. Ni el tiempo.

Para cambiar necesitamos que la sociedad civil cumpla con la ley y exija y obtenga trabajo y ejemplo de sus legisladores… se escucharon gritos: hipócrita; falso; oscuridad de la casa y candil de la calle; vendido; burro. Ya me oyeron: están mal. Yo estoy jubilado y pago mis impuestos, ¿y el negocio? preguntó Enrique. No es mío. Ya le dije que lo ponga en orden, pero no hace caso… Y le cayó la rechifla a pobre viejo. Y sonoras carcajadas de burla. El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra…

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales y de los partidos políticos.

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