Tiranía

Publicado: 26 noviembre 2010 de Amado Sosa en Lic. Ubaldo Orozco

A mí no me gusta hablar de lo que ocurre fuera por ser normalmente inútil. Hoy hago excepción. Hugo Chávez, en su último sermón, da la oportunidad de ver la esencia del poder de nuestros gobernantes. Su mandato, no el de la ley, se cumple o se castiga al infractor. Ejercen una actividad primitiva, irracional, como jefes de manada de leones. Obediencia o zarpazo. Así empezó don Puro.

Al gobernante no le importa el cumplimiento de la ley sino de su voluntad que identifica con el Estado. Chávez amenazó a Guillermo Zuloaga, dueño de un canal de televisión, por ir a Washington a decir lo que le da la gana. Y llamó a los poderes a ver qué hacemos. Algo tiene que hacer el estado. Esa situación no puede continuar. Dizque Zuloaga pide una intervención gringa en Venezuela. Y lo acusa de dictador.

Ya le encontrarán algo al chismoso y le quitarán su canal de televisión. Y Chávez estará contento como el jefe león después de dar un zarpazo a su segundo.

Y es que nadie aguanta una pesquisa. Una investigación de muchos ojos sobre todo lo que uno es y ha hecho en la vida. Todos somos blanco fácil, inmóvil. Jesucristo lo dijo: el que esté libre de culpa arroje la primera piedra. El poderoso no vacila en hacerlo se cree puro y limpio.

Para protegernos de las arbitrariedades de los poderosos, nos hemos dado, la sociedad civil de muchos siglos, el Estado y la ley, que son inútiles cuando se identifican con ellos. No es necesario vivir en el Gulag de Stalin, en los campos de concentración de Hitler para sufrir su tiranía. Basta con que el gobernante de cualquier nivel use el poder del estado y la ley para la satisfacción de sus instintos primitivos: la avaricia, la venganza, la rivalidad, la envidia, la comodidad, la soberbia, la destrucción de personas y cosas; en resumen odio a la independencia, a la individualidad, a la razón, a la inteligencia, al éxito ajeno…

Cállate viejano, dijo Chacho. Tienes envidia porque no fuiste jefe. Aparte nadie anda atrás de ti. Ni tu esposa. Al sin mancha concebido se le rasaron los ojos. Por un día habrías de respetar al prójimo, espetó, esto que haces es muestra de tu poder de destruir, microbusero, y aquí intervenimos todos para meter la paz por el temor que sentimos que llegaran a las manos.

Disminución inmediata en un 40% del presupuesto de los congresos federal y estatales, de institutos electorales y de los partidos políticos.

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